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Ocho maneras de meter
una imagen.

Hasta ahora había una: degradado encima y texto abajo. Funciona, pero es una sola idea repetida, y el contraste depende de qué foto toque.

Debajo de todas éstas hay una retícula: margen del 6 %, seis columnas y una línea base cuadrada del tamaño del medianil, así que filas y columnas caen sobre el mismo paso. Las imágenes se recortan a módulos, no a porcentajes. Por eso una serie se ve de la misma familia aunque cambie la foto.

El número de cada pieza es el contraste del peor píxel bajo su texto, medido sobre el lienzo. Menos de 4.5 sale en rojo.

Formato
Imagen
Leídas de otra marca

Cuatro de Tayá,
traídas aquí.

Cuatro piezas del feed de Tayá, leídas y rehechas con esta marca. Lo que se copia es la estructura, no el estilo: el azul de la casa en vez de un oscuro neutro, Sentient en vez de su serif, y copy aprobado en vez del suyo. Lo que aportan y las ocho de arriba no tenían: composición centrada, la imagen mandando entera sin campo de color que la corte, y el texto en un solo bloque grande.

Y lo que sale de ahí

Tres que antes
no se podían hacer.

No son de Tayá: son lo que aparece cuando ya existen la retícula y la manera centrada. Cada una resuelve algo que el sistema pedía y no tenía: una pieza donde el número sea la imagen, el diálogo del manual de voz en una sola lámina, y la lista que el líder de área pide y hoy no encuentra.

El otro carrusel de Tayá

La entrevista.

Una familia entera que no habíamos visto: campo de papel crema, marca chiquita centrada arriba y el contenido en tinta, casi sin fotografía. Lo que la sostiene es la alternancia: una pregunta a la izquierda, la siguiente a la derecha, y el ojo baja en zigzag sin que nada se lo indique.

Para 180 resuelve lo que faltaba: las piezas de texto largo. Hasta ahora todo lo largo se apretaba encima de una foto.

Lo que hace Tayá de verdad

Sin un solo
degradado.

En las piezas de Tayá no hay ni un velo: el texto va directo sobre la foto. Funciona porque la foto está elegida para el texto, no velada por él. Siempre cae en una zona oscura, pareja y desenfocada.

Estas tres miden las franjas de su propia imagen, escriben en la que aguanta y, si ninguna aguanta, lo dicen en vez de escribir igual. Por eso cada una se enseña con cinco imágenes: lo que se aprende no es que la composición sirva, sino para qué fotografías sirve. El número del pie es el contraste de la franja elegida; en rojo, las que no dan. El mínimo aquí es 3.0 y no 4.5 porque el titular mide 71 px: la norma baja el umbral a partir de 24.

Y cuando una imagen no llega por poco, la pieza la desenfoca antes de rendirse. Desenfocar no es velar: no oscurece nada, le quita a la fotografía el detalle fino y con él los brillos pequeños que parten una letra por la mitad. Es lo que Tayá tiene ya en sus propias fotos.

El tercer carrusel de Tayá

Narrativa:
una idea por lámina.

«Screen-free ways to get inspired»: una fotografía entera, una línea corta, y la línea cambia de esquina en cada lámina siguiendo la composición de la foto. Sin velo, sin rótulo, sin numeración. Se lee como una lista de invitaciones pequeñas, no como una explicación.

Es la serie que mejor le va al pilar «para el lunes». Y la posición de cada línea no está escrita en ningún lado: la decide la pieza, midiendo su propia imagen entre nueve sitios, tres altos por tres alineaciones.

Cómo se encadenan

Seis carruseles.

Una composición suelta es una pieza; encadenadas son un argumento. Cada serie usa una mezcla distinta a propósito: lo que sostiene un carrusel no es que todas las láminas se parezcan, sino que el ritmo cambie donde cambia lo que se dice.

De qué hablar, y cada cuándo

Cinco pilares
de contenido.

No son temas sueltos: cada pilar sirve a una de las historias de usuario y tiene su propio trabajo. Uno incomoda, otro explica, otro da algo que usar el lunes, otro enseña quiénes son y el último cierra. La cadencia de abajo asume dos piezas por semana, que es lo que sostiene un despacho de tres personas sin community manager.