Casi nunca hay mala fe. Sin embargo, callar dudas o riesgos en el momento siempre reaparece como un problema más caro en la ejecución.
No es una sola escena. Es un plan que todos aprueban y nadie defiende, y que se ejecuta a medias. Es un jefe nuevo al que nadie le explica cómo se hacen las cosas aquí, y seis meses de fricción. Es una líder brillante que tiene a todo su equipo hecho chiquito, y se van los buenos.
Identificas el síntoma, pero es difícil llegar a la raíz. Es normal intentar resolverlo con dinámicas o reuniones extra. El reto es que esas acciones no perduran si no rediseñamos la forma en que el equipo se coordina y toma acuerdos.
El cambio empieza en la conversación.
El siguiente paso no es un curso más, es sentarnos a diseñar la estructura para que tu equipo empiece a ejecutar con claridad.
¿Por dónde empezamos?