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Atardecer rojo sobre un valle y un lago en calma · Frederic Edwin Church, 1860 · CC0 · dominio público
Una historia de hace tres mil años · 05

Nadie rompe un acuerdo el primer día

Juraron no tocar el ganado y lo cumplieron un mes. Lo rompieron cuando se acabó la comida, que es cuando se rompen todos.

Odiseo no quería parar en esa isla. Le habían advertido dos veces que el ganado que pastaba ahí era de Helios, el sol, y que no se tocaba. Su tripulación llevaba semanas sin descansar y le pidió tierra firme. Aceptó con una condición, y la puso por delante: ni un solo animal. Se lo juraron todos.

Cumplieron un mes. El viento no los dejaba salir y las provisiones se acabaron. Odiseo se internó en la isla a pedir ayuda a los dioses y se quedó dormido.

Entonces Euríloco habló. Y su argumento no era malo: de todas las maneras de morir, morirse de hambre en una playa es la peor. Prefiero ahogarme de golpe que apagarme despacio. Nadie lo contradijo. Mataron el mejor ganado ese mismo día.

Helios lo vio, porque el sol ve todo, y fue con Zeus. En cuanto zarparon, un rayo partió el barco. Se salvó Odiseo solo.

La lectura cómoda es que el hambre pudo más, y que en esas condiciones cualquiera. Es verdad a medias. El juramento no se rompió el día que lo hicieron, cuando había comida y todos estaban de acuerdo. Se rompió treinta días después, que es cuando se rompen todos los acuerdos.

Lo que faltó no fue voluntad. Faltó una pregunta el día que juraron: y si se acaba la comida, ¿qué hacemos? Nadie la hizo, así que el acuerdo salió al mar con una condición que nadie escribió y que todos daban por buena mientras las cosas fueran bien.

Y Euríloco no era un traidor. Era el que tenía el mejor argumento disponible en el peor momento, con el capitán dormido y sin nadie enfrente que pudiera decirle otra cosa. En cualquier equipo hay un Euríloco, y no es el problema: es la señal de que el acuerdo nunca previó ese día.

Un acuerdo que no dice qué pasa cuando se ponga difícil no es un acuerdo, es una buena intención. Cuando lo tomen, pregunten en voz alta qué tendría que pasar para que no se cumpla. Eso, dicho el día bueno, es lo único que lo sostiene el día malo.

El cambio empieza en la conversación.

El siguiente paso no es un curso más, es sentarnos a diseñar la estructura para que tu equipo empiece a ejecutar con claridad.

¿Por dónde empezamos?