Las palabras son sólo una parte del mensaje. Si lo que dices (lenguaje), cómo te presentas (cuerpo) y lo que realmente sientes (emoción) no están alineados, el mensaje pierde credibilidad y genera fricción en el equipo.
Puedes decir las palabras correctas, pero si tus tres planos se contradicen, la comunicación fracasa.
En el día a día se ve así. Lo que se dice: «¿alguna duda?», una pregunta cerrada lanzada en el último minuto cuando ya nadie quiere alargar la junta. Lo que se hace: todos recogen sus cosas, carpetas que se cierran, miradas al reloj; la decisión de irse ya se tomó antes de responder. Lo que se siente: nadie quiere ser el obstáculo.
El silencio no significa acuerdo; significa prisa, cansancio o miedo a ser el que retrasa al grupo. El verdadero problema de alineación casi nunca está en la agenda, está en lo que el equipo no dice de la manera adecuada.
El cambio empieza en la conversación.
El siguiente paso no es un curso más, es sentarnos a diseñar la estructura para que tu equipo empiece a ejecutar con claridad.
¿Por dónde empezamos?